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Tu imagen no necesita parecer hecha con IA

17 sept
7 min de lectura

Hace unos días vi una publicación que decía algo parecido a: “Estoy cansada de los anuncios hechos con inteligencia artificial. Este lo hice yo.” Era un dibujito sencillo, imperfecto, casi infantil. Y me dio mucha risa. Sobre todo porque inmediatamente pensé en hacer mi propia versión para Lucentia… utilizando inteligencia artificial. Sí. La ironía es evidente. Pero mientras trabajaba en ella, el chiste empezó a llevarme hacia una reflexión que tiene muchísimo que ver con lo que hago todos los días como asesora de imagen.


Porque quizá nunca habíamos tenido tantas herramientas para construir nuestra imagen como ahora. Tenemos Pinterest, Instagram, TikTok, asesores, aplicaciones, filtros, algoritmos e inteligencia artificial capaces de decirnos qué comprar, cómo combinarlo y hasta mostrarnos cómo podríamos vernos con determinada ropa, cabello o estética. Y, sin embargo, entre tantas posibilidades aparece una pregunta que me parece cada vez más importante:


¿Dónde quedamos nosotras?



Nunca había sido tan fácil saber qué está de moda

Antes las tendencias llegaban lentamente. Las veíamos en revistas, escaparates, televisión o pasarelas. Existía cierto tiempo entre descubrir algo, desearlo, encontrarlo y finalmente incorporarlo a nuestra vida.

Hoy podemos despertar y descubrir que existe una nueva aesthetic que aparentemente explica exactamente cómo deberíamos vestirnos: old money, quiet luxury, clean girl, mob wife, coastal grandmother, office siren… y cuando apenas terminamos de entender una, aparece la siguiente. No creo que esto sea necesariamente malo. A mí me encanta la moda. Me encanta observar tendencias, analizar estéticas, descubrir combinaciones nuevas y entender por qué determinada propuesta visual aparece en un momento cultural específico. La moda también es juego, creatividad y lenguaje.

El problema aparece cuando dejamos de utilizarla como inspiración y comenzamos a utilizarla como instrucción. Cuando dejamos de preguntarnos “¿me gusta?” y comenzamos a preguntarnos “¿esto es lo que debería estar usando?”. Parece una diferencia pequeña. Pero psicológicamente es enorme.



Inspirarte sin desaparecer

Para mí, uno de los retos más interesantes de la imagen personal contemporánea es precisamente este: aprender a inspirarnos sin desaparecer dentro de aquello que nos inspira. Puedes guardar cincuenta imágenes maravillosas en Pinterest y descubrir que ninguna representa realmente tu vida.

Puedes enamorarte de una estética minimalista construida alrededor de pantalones blancos, lino impecable y zapatos delicadísimos… mientras tu realidad implica trabajar, manejar, recoger niños, caminar, viajar o pasar diez horas fuera de casa. Puedes comprar exactamente el blazer que viste en Instagram y descubrir que, aunque objetivamente te queda bien, cada vez que te lo pones sientes que estás disfrazada de alguien más.

Y esa sensación me interesa muchísimo. Porque cuando una mujer me dice: “Se ve bonito, pero no me siento yo”, para mí no significa que algo salió mal. Al contrario. Acabamos de encontrar información muy valiosa. Hay una diferencia enorme entre verse bien y reconocerse. Y en Lucentia me interesa mucho más la segunda.


Hay una diferencia enorme entre verse bien y reconocerse.





La inteligencia artificial agregó una nueva capa

Ahora tenemos además una herramienta fascinante: la inteligencia artificial. Podemos pedirle que nos muestre con otro cabello, otra ropa, otro maquillaje, otra estética e incluso prácticamente otra vida. Podemos visualizar versiones de nosotras mismas que todavía no existen. Y me parece increíble.

Yo misma utilizo estas herramientas. Me permiten experimentar, imaginar posibilidades y comunicar ideas visuales que de otra manera serían mucho más difíciles de representar. Pero precisamente porque las utilizo, también me interesa conservar cierta distancia crítica frente a ellas.

Porque una inteligencia artificial puede generar una imagen preciosa de ti. Puede colocarte el vestido perfecto, en el escenario perfecto, con la iluminación perfecta. Puede hacerte parecer sofisticada, sensual, poderosa, elegante o absolutamente impecable. Pero hay algo que no puede decidir por ti: si esa mujer realmente eres tú. Puede construir la imagen. No puede construir tu identidad.


Y las tendencias tampoco

Aquí es donde, curiosamente, la inteligencia artificial y las tendencias se parecen. Ambas pueden ofrecernos posibilidades. Ambas pueden ampliar nuestro imaginario. Ambas pueden ayudarnos a descubrir cosas nuevas. Pero ninguna debería convertirse en la autoridad que decide quién tenemos que ser. Porque cuando construimos nuestra imagen únicamente desde referencias externas, puede ocurrir algo extraño: nos vemos cada vez “mejor” y, al mismo tiempo, nos reconocemos cada vez menos.

Nuestro guardarropa puede estar perfectamente coordinado y no decir absolutamente nada sobre nosotras. Y eso me parece mucho más interesante que preguntarnos si determinado pantalón sigue estando de moda.

Puede construir la imagen. No puede construir tu identidad.


¿Cuántas decisiones sobre tu imagen realmente tomaste tú?

Esta es una pregunta incómoda. Y precisamente por eso me gusta.

Piensa por un momento en tu guardarropa. ¿Por qué tienes esas prendas? ¿Por qué utilizas esos colores? ¿Por qué llevas el cabello así? ¿Por qué evitas determinada ropa? ¿Por qué consideras que algunas cosas “no son para ti”?

Seguramente algunas respuestas serán completamente tuyas. Pero otras quizá vienen de mucho tiempo atrás: de algo que dijo tu mamá, de una crítica que recibiste cuando eras adolescente, de una pareja, de una revista, de una regla sobre lo que supuestamente favorece a determinado cuerpo, de haber aprendido que para verte profesional debías vestir de cierta manera, o de creer que después de determinada edad ya no “corresponde” utilizar ciertas cosas.

Por eso para mí trabajar la imagen personal no puede limitarse a decir: “Tu cuerpo es de esta forma. Estos son tus colores. Estas son las prendas que te favorecen.” Claro que todo eso puede ser útil.

Pero quiero ir un poco más lejos. Quiero preguntarte: ¿qué quieres decir con tu imagen?


La ropa también puede ser autobiográfica

Nuestro guardarropa contiene pequeñas pistas sobre quiénes hemos sido.

Hay prendas que pertenecen a versiones anteriores de nosotras: la mujer que trabajaba en determinado lugar; la que tenía otro cuerpo; la que estaba comenzando una relación; la que acababa de convertirse en mamá; la que viajaba muchísimo; la que quería pasar desapercibida; la que necesitaba demostrar que era profesional; la que se atrevía más; la que todavía no sabía exactamente quién quería ser.

Y después llega un momento en el que abrimos el armario y pensamos: “Tengo muchísima ropa, pero siento que no tengo nada que ponerme.”

A veces el problema no es la cantidad de ropa. Es que tu identidad cambió y tu guardarropa todavía no se enteró.

Y entonces comprar más no necesariamente resuelve nada. Quizá primero necesitamos detenernos a preguntarnos quién es la mujer que se está vistiendo hoy.

A veces tu identidad cambió y tu guardarropa todavía no se enteró.


Autenticidad tampoco significa quedarte igual para siempre

Ser auténtica no significa encontrar “tu estilo” a los 35 años y utilizarlo hasta los 80. Eso sería tremendamente aburrido. Somos personas en movimiento. Cambiamos. Nuestra vida cambia. Nuestro cuerpo cambia. Nuestros intereses cambian. Nuestra posición profesional cambia. Nuestra maternidad cambia. Nuestra manera de relacionarnos con nosotras mismas también cambia.

Por eso una imagen auténtica también tiene permiso de evolucionar. Puedes descubrir una tendencia y enamorarte de ella. Puedes experimentar. Puedes cambiar radicalmente. Puedes utilizar algo que jamás habías considerado. Incluso puedes probar una estética completamente diferente durante un tiempo.

La pregunta no es: “¿Esto siempre ha sido yo?”. La pregunta podría ser: “¿Esto tiene sentido para la mujer que soy ahora o para aquella en la que me estoy convirtiendo?”. Ahí cambia todo. Porque entonces la moda deja de imponerte una identidad y comienza a darte herramientas para construirla.


No quiero ayudarte a construir una versión perfecta de ti

Esta quizá sea una de las ideas que más representan lo que quiero hacer con Lucentia. No me interesa crear mujeres perfectamente vestidas. Me interesa trabajar con mujeres que puedan reconocerse en aquello que proyectan. Porque una mujer puede llevar el outfit técnicamente perfecto para su cuerpo, su colorimetría y su estilo de vida y seguir sintiéndose incómoda dentro de él.

La imagen personal no debería convertirse en otra lista de cosas que tenemos que hacer correctamente. Ya tenemos suficientes. No necesitamos otra voz diciéndonos que debemos vernos más jóvenes, más delgadas, más elegantes, más femeninas, más sofisticadas o más “actuales”.

Quizá necesitamos comenzar desde otra pregunta: ¿cómo quiero sentirme cuando me veo? Y después: ¿qué quiero comunicar cuando entro a un espacio? Ahí la ropa deja de ser únicamente decoración. Se convierte en lenguaje.

No me interesa crear mujeres perfectamente vestidas. Me interesa trabajar con mujeres que puedan reconocerse en aquello que proyectan.



Tal vez la imperfección sea parte del lujo

Volvamos entonces al pequeño anuncio dibujado. Es imperfecto. Tiene líneas torcidas. No intenta parecer una campaña editorial. Y precisamente por eso llama la atención.

En un mundo donde podemos producir imágenes cada vez más perfectas, quizá comencemos a valorar otra cosa: lo particular, lo extraño, lo personal, lo que tiene historia, lo que no podría pertenecerle exactamente igual a otra persona.

Y creo que algo parecido puede suceder con nuestra imagen.

Tal vez el verdadero lujo contemporáneo no sea tener el guardarropa más grande ni llevar siempre la última tendencia. Quizá sea tener suficiente claridad sobre ti misma para poder mirar una tendencia maravillosa y decir: “Me encanta, pero no es para mí.”

O verla y pensar: “Esto sí. Pero voy a hacerlo mío.”

Eso es muchísimo más interesante. Porque entonces no estamos rechazando la moda. Estamos aprendiendo a relacionarnos con ella sin entregarle nuestra identidad.

Y tampoco necesitamos rechazar la inteligencia artificial. Podemos utilizarla para explorar, imaginar y crear. Pero sin pedirle que nos diga quiénes deberíamos ser.


Tu imagen no necesita parecer hecha con IA

No necesita ser impecable. No necesita obedecer cada tendencia. No necesita conseguir aprobación universal. Y definitivamente no necesita parecerse a la imagen de otra mujer.

Necesita tener algo mucho más difícil de reproducir: tu historia.

Tus contradicciones. Tus gustos. Tu cuerpo real. Tu vida real. La mujer que fuiste. La que eres. Y también un poco de aquella en la que quieres convertirte.

Porque al final, para mí, una buena imagen personal no es aquella que consigue que alguien piense: “Qué bien vestida está.”

Es aquella que hace que, de alguna manera, quien te mira pueda percibir: “Hay algo muy ella ahí.”

Y quizá ese sea el verdadero reto de construir nuestra imagen en este momento: rodearnos de tendencias, algoritmos, inspiración e inteligencia artificial… sin dejar de reconocernos frente al espejo.


Inspírate en la tendencia. Usa la tecnología. Experimenta con la moda. Pero no les entregues tu identidad.


Porque tu imagen no necesita ser perfecta. Necesita ser auténticamente tuya.




 
 
 

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